Los viernes: Casa de la abuela
Últimamente, mis viernes por la tarde están dedicados a mi abuela. Cuando salgo del colegio, a las 12:50 hs., mi papá me pasa a buscar y vamos a almorzar a su casa. A ella le encanta que la visitemos, y aun más ahora, porque hace 3 meses falleció mi abuelo y se siente muy sola. Es lindo levantarle el ánimo y verla sonreír.
Todos los jueves la llamo y arreglamos con mi papá y mi hermano qué queremos comer al día siguiente así cocina lo que nosotros queremos. Para mi abuela no es ninguna obligación cocinarnos y recibirnos en su casa, ya que es muy placentero y gratificante para ella, y muy lindo para nosotros verla bien.
“¡no hay arroz con pollo como el que hace la abuela!”¡¡Cuantas veces repetimos esa frase!! Y con Mauro, mi hermano, la gritamos cada vez que terminamos de comer el arroz con pollo que ella hace. Verdaderamente, no hay ninguno que se parezca al que ella cocina.
Desde ya muy chiquitos, Mauro y yo amamos ir a la casa de la abuela. Nos cocina, nos mima, nos deja quedarnos a dormir, no le molesta que vayamos cualquier día a su casa, incluso sin avisar, nos soporta muchas “bromitas” que le hemos hecho (que mas abajo describo) y nos abre las puertas de su casa y, lo mas importante, de su corazón.
Cuando vamos a la casa de la abuela, muchas anécdotas surgen. ¡Son infinitas! Pero me gustaría compartir algunas con ustedes:
- Cuando éramos chiquitos, con la abuela, Mauro y yo solíamos jugar con las cartas. Pero no jugábamos ni a la “casita robada”, ni al “chin-chón”, ni nada de esos juegos: las usábamos para lanzar por el aire, ya que nos gustaba imitar a Susana Gimenez cuando sus asistentes sorteaban premios y lanzaban los cupones hacia arriba. En varias ocasiones las cartas quedaban retenidas en las paletas del ventilador de techo, por lo que lo encendíamos y las cartas volaban aun más. ¡La abuela enloquecía al ver las cartas volando por el comedor!
- Desde que teníamos pocos meses de vida, mi hermano y yo acostumbrábamos a quedarnos a dormir en la casa de la abuela. A veces lo hacíamos porque nuestros padres debían salir, y en otras ocasiones porque queríamos hacerlo. Hace pocos años, aproximadamente 5, mientras la abuela dormía, yo estaba a su lado escuchando música con los auriculares de mi disc-man. Como la situación era bastante aburrida, decidí hacer alguna “travesura”: puse en pausa la canción, subí el volumen al máximo, y coloqué el auricular en los oídos de la abuela, que por cierto, estaba profundamente dormida. Cuando los auriculares estaban en su lugar, lo único que restaba era presionar el botón que permitía continuar escuchando la canción y luego ver la reacción de la abuela. Cuando hice eso, la abuela saltó de la cama como si hubiese explotado una bomba en sus oídos! ¡Pobre abuela! La verdad es que fue algo feo, pero me resultó muy gracioso.
- Mi abuela es de esas abuelas súper coquetas, que no van ni al quiosco de enfrente sin tener los labios pintados, el pelo con spray y algún accesorio. Es por eso que no es complicado encontrar maquillajes en el botiquín del baño de su casa. Un día mi hermano, mi fiel compañero de travesuras, tuvo la hermosa idea de hacer alguna diablura con los mismos (obviamente que yo acepté enseguida la iniciativa): tomamos los pintalabios y pintamos todo el espejo del baño con los mismos. “Abu te amamos” era el mensaje principal que escribimos. Después rellenamos hasta el más mínimo espacio con corazones. ¡Toda una obra de arte!
Hay muchísimas mas anécdotas que podría contarles, pero se me hace muy extenso el posteo. Simplemente quería decirles que AMO A MI ABUELA, y que realmente tiene mucha paciencia!
Un beso y espero que les guste el post!
Giselle Cersósimo

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