Confirmación

Nos preparamos dos años para ese momento. Preparación que quizás a algunos nos pareció un poco larga y densa, pero sabíamos que lo teníamos que hacer para poder lograr lo que queríamos: confirmar nuestra fe en Dios. Se iba acercando la fecha, con todos los preparativos me iba poniendo un poco nerviosa, aunque sabía que no era complicado lo que tenía que hacer, pero era un gran paso en mi fe y no sabía si estaba lista para hacerlo. Sin darme cuenta que los días pasaban, sin pensarlo, llegó el viernes 10 de octubre. El día en el que me iba a confirmar, junto con mis compañeros. Estaba ansiosa, con ganas de que llegara la tarde para confirmarme. De pronto, me encontré en la puerta de la iglesia, entrando con mi madrina, todos miraban (o eso era lo que a mi me parecía). La misa transcurrió normalmente, hasta que llegó tuvimos que ir pasando con nuestros padrinos y madrinas a que el obispo nos confirme. Obviamente, fui repitiendo por todo el camino “amén”, que era lo que tenía que responder a las palabras del obispo. No era muy complicado, pero no quería olvidarme. Al terminar la misa y antes de irnos a nuestras casas, nos dieron un recuerdo de la confirmación (un diploma y una estampita de la Divina Pastora) y un regalo proveniente de nuestros tutores (un papelito con una frase y un par de bombones). Después de esto, volví a casa con mi familia y cenamos todos juntos, para festejar el hecho de mi confirmación. Estoy feliz de haber dado este paso con respecto a mi fe, aunque en un principio no estaba segura. Terminé tomando la decisión gracias a las palabras del padre que me confesó. Me dijo que debería aprovechar la oportunidad que me daba el colegio, que seguramente estaba lista, y que si tenía fe en Dios, debería hacerlo. Me gustaría que cuenten si se confirmaron o no y porque tomaron aquella decisión.
Carolina Barrio

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